domingo, 29 de mayo de 2011

Nacionalismo, de una vez por todas.

Un país de payasos, como los colores indican

Sí, escribo a raíz de la diversidad de banderas, idioteces y cosas varias que se producen cada vez que un equipo o individuo español, de donde sea, gana (o pierde) algún evento deportivo. Desde las cansinas ikurriñadas de Tours y Giros a la previsible utilización política de cualquier acto del FC Barcelona para que grupos y asociaciones de barrio se dediquen a soflamar al público en general y al español en particular.
Ayer se alcanzó un culmen cuando vimos a un chiquillo canario, afincado en Barcelona, que vive de la Liga y la Selección españolas, y vive tan bien que podemos llamarlo millonario, ondear una bandera que yo personalmente desconocía y que no es otra que la bandera, agárrense que vienen curvas, independentista canaria. Esto es tan rico en matices que hasta da pena empezar a cascar al chaval que, como futbolista, tendrá más bien poco tiempo para adquirir educación y cultura.
Esto no forma parte de otra cosa que el afán ridículo de los españoles por, ante la menor oportunidad, sacar la bandera de su aldea y ondearla con orgullo mientras niegan la capacidad de los que nos gustan más otros trapos. Porque son diferentes, porque son los buenos, porque son los oprimidos. Porque son superiores moral y racialmente.
En fin, aparte del asco que este maniqueísmo y está omertá del resto de españoles me produce, debo decir que es precisamente eso lo que nos une a los españoles. Nuestra negación de lo que somos, nuestra búsqueda de diferencias para ser mejor que los demás sin trabajar por ello, sino por un derecho de nacimiento, como la fidalguía antigua. Eso y una chulería de "semos los mejores, bueno, y qué?"
Eso es lo que nos hace ridículos ante el mundo. Nadie se ríe de la sangría, la paella o los toros. Igual que nadie se ríe del francés por el croissant, la baguette o la Torre Eiffel. 

Fantástica encuesta en una página "comunista" de esas de niño bien
Nadie se ríe de esos tópicos. Se ríen del que finge no tenerlos. Se ríen del gallito que se cree más listo que los demás. Incluso que los demás españoles.
Del que, una vez conseguidos tratos de favor fiscales, una vez agarrada la industrialización y una vez rico, se quiere marchar de la partida. 
Se ríen del español, en fin. Vasco, gallego o catalán. O nacionalista asturiano o leonés (que también los hay). 
Se ríen de que todos somos españoles porque somos todos gilipollas. Y ya lo pagaremos. Espero más bien que lo paguéis.

4 comentários:

emejota dijo...

Es que el español no ha debido tener suficiente con la díaspora de la emigración porque parece que no aprendió lo suficiente. ¿O será que todavía fueron pocos los que emigraron y aprendieron? ¿O que tenemos una pésima memoria?
Mi caso, con raíces lo suficientemente desarraigadas y desparramadas, pueden dar fe de lo que escribes. Beso.

dvd dijo...

Menudo cabreo, señor Gavín... y lo malo es que con razón. Me pregunto si algún día algún nacionalista (se supone que son de talante progresista ¿no?) pensará en SUMAR... SUMAR, con mayúsculas. Esto no es ningún eufemismo, resulta que lo nacionalista, por reduccionista, siempre resta, r-e-s-t-a, con minúsculas. País de paletos, por añadidura...

Mr. Lombreeze dijo...

Orgullo guanche?, jo, es lo que me faltaba por ver. Yo disfruté del partidazo de fútbol. Vi a Dani Alves luciendo con orgullo la bandera de Brasil y en cuanto el barsa levantó la orejuda, me puse una película del Oeste para que no se me agriara la sangre. Ya me imaginaba lo que me esperaba, pero lo de la bandera guanche me ha superado.
Ah, por cierto, la fabla no es mi lengua. Al que me la quiera imponer le espero con el trabuco del Tío Jorge amartillado.

fer dijo...

Prefiero no leerlo dos veces por que me caliento, y lo continúo. ¡Si será ignorante el español profundo que incluso con una guerra encima, dos crisis de caballo, e incluso algún meteorito de ficción, seguiría en el mismo parón congelatorio mental!

Con tener un frigorífico llenos de porquerías para ver en la supertele el superpartido, es suficiente.

De 6700 millones de personas, algunos tenían que mantenerse, por evolución natural, gilipollas, ¿o no?

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