sábado, 9 de abril de 2011

Volando voy


Nada, en medio de esta crisis que va a convertir Europa en la nueva Latinoamérica, en maniobra concertada por los admirables chinos, los espirituales indios, los grandiosos rusos y nuestro bienamado Obama, pues resulta que los eurodiputados viajan en business. Porque sus culos de mal asiento, que van de Bruselas a Estrasburgo, de allí al avión, de allí a sus cargos nacionales y de aquí a su casa en el minitiempo que les da una semana que empieza el lunes para viajar, con el martes como primer día de trabajo y con el jueves por la mañana como último jornal para poder estar, esa misma noche en tertulias de radios y televisiones y el viernes, claro, descansar con la familia. Un ajetreado ritmo de vida sí debe tener compensaciones como no tener exclusividad en su cargo - incumpliendo la famosa ley de incompatibilidades funcionariales que se da en casi todos los miembros de la UE - permitiendo que trabajen en multiples administraciones y medios de prensa privados, o que disfruten de pensiones que no cumplen con los sistemas de pensiones máximas o, claro, viajar en business, como el señor Alejo Vidal Quadras, antes Aleix, defendía el otro día. O como mentía el exministro López Aguilar casi a la vez (ese tuvo el descaro de decir que se habían equivocado al votar).
El caso es que, y esto no lo dice nadie, los nacionales, los de aquí, hacen lo mismo. Y esto lo sé de primera mano. Además de sus iPhones 4 por la cara y su catering del Palace de Madrid. Y, seguramente, los regionales también.
Todo esto es de una desfachatez y gravedad extremas, pues el culo de un ministro no pasa de culo de un ciudadano al que hemos nombrado diputado. Y los ciudadanos hemos sufrido recortes tremebundos. Los diputados, no. Y ahí empieza y acaba toda discusión.
La otra cuestión que nadie plantea es por qué regla de tres un señor de Bilbao que es elegido para senador en Madrid no se desplaza a Madrid a vivir, se alquila un piso y hace una vida de ciudadano normal o por qué un eurodiputado no vive en Estrasburgo. Evitaríamos no sólo los aviones en business (o en otra cosa), como los 4000 euros limpitos de polvo y paja de sus dietas (que se suman a los casi 8000 del sueldo). De ese modo, vivirían como ciudadanos que son, con buenos sueldos, como merecen y con una mayor vigilancia y sin tanto zapato Church, tanto reloj Blancplain y tanto traje de Pal Zileri.
Y todo podría ser como esta canción del año 1972 de los Kinks, grupo mítico, en el que dicen invitarnos a su cohete supersónico en el que "Nadie viaja en segunda clase, habrá igualdad y no supresión de minorías". Pues eso.

1 comentários:

pe-jota dijo...

Hoy leía un artículo en El País sobre el asunto de marras, la verdad es que no es no más ni menos que un reflejo de la bajísima estofa a la que pertenecen nuestros políticos, a penas balbucean su propio idioma, pero cada finde han de regresar a casa como el turrón, para que les laven y comer el guiso de mamá, ya que no están capacitados para casi nada, a parte de vivir a base de subvenciones y del dinero público.
Pena me dan por no decir asco.

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