
Recién vueltecito como estoy de Japón y con la mente (y espero que el cuerpo) fijo en el próximo destino, me congratula presentar algunos de los descubrimientos musicales que he hecho en expediciones en tiendas de discos del país del sol naciente, del que os puedo decir ya que pone los nombres de los artistas en japonés y donde, además, el orden alfabético es una imposición moderna y occidental. En fin, confusiones aparte, resulta que me he metido, como siempre que viajo, a ver muchos discos, tanto de jazz como de clásica o música tradicional. Como clásica voy hablando y no creo que os interes el Samisen, iré al jazz que es mi favorito. Empezaré por orden de descubrimiento. Porque esta chica la descubrí en algún punto de la estratosfera entre Helsinki y Tokyo. O sea, en el avión de Finnair en el que por azares del destino fui a caer, después de una extraña y extemporánea escala en el curioso aeropuerto de Helsinki, del que no puedo sino hablar bien.
Después de esta introducción pedante y confusa, me centro. Me centro en la que probablemente es la (el) mejor saxofonista que he escuchado en los últimos años, Saori Yano. Y que además no se las da de estrella antes de tiempo ni se permite una locura que pudiese desprestigiar su excelente ejecución e interpretación de los temas. Se podrá acusar a la chica de cierto robotismo, pero no es cierto. Es sólo una preocupación técnica que ultrapasa lo razonable para brindarnos ejecuciones perfectas, de las que apetece escuchar en equipos de música como el que (Deus o abençoe) mi amigo Marco me (practicamente) obligó a comprar.
Se atreve a componer, com standards, a bebopear con una elegancia en cualquiera de los medios que deprimiría al más versado. Una autora/intérprete imprescindible para lo que será la historia del jazz cuando se cuente de aquí a cien años, explicando que el jazz saltó a Japón.
Lo cierto es que Japón está que se sale en lo que es producción de jazz (y de otras músicas), como veréis cuando os vaya hablando de ello. Y revisando lo que ya mostré en su día...
La verdad es que no es extraño, cuando hay clubs como el Blue Note o cuando en cada bar, en cada tasca, la música que se oye es, sólo, Jazz. Que os guste.
Después de esta introducción pedante y confusa, me centro. Me centro en la que probablemente es la (el) mejor saxofonista que he escuchado en los últimos años, Saori Yano. Y que además no se las da de estrella antes de tiempo ni se permite una locura que pudiese desprestigiar su excelente ejecución e interpretación de los temas. Se podrá acusar a la chica de cierto robotismo, pero no es cierto. Es sólo una preocupación técnica que ultrapasa lo razonable para brindarnos ejecuciones perfectas, de las que apetece escuchar en equipos de música como el que (Deus o abençoe) mi amigo Marco me (practicamente) obligó a comprar.
Se atreve a componer, com standards, a bebopear con una elegancia en cualquiera de los medios que deprimiría al más versado. Una autora/intérprete imprescindible para lo que será la historia del jazz cuando se cuente de aquí a cien años, explicando que el jazz saltó a Japón.
Lo cierto es que Japón está que se sale en lo que es producción de jazz (y de otras músicas), como veréis cuando os vaya hablando de ello. Y revisando lo que ya mostré en su día...
La verdad es que no es extraño, cuando hay clubs como el Blue Note o cuando en cada bar, en cada tasca, la música que se oye es, sólo, Jazz. Que os guste.
4 comentários:
Se que lo has pasado "pipa" y que pronto...
Enhorabuena.
Cuando pienso en algo Occidental adaptado a la cultura japonesa, siempre recuerdo aquel antiguo primer trabuco capturado por un noble de aquel país a los occidentales y su entrega a un armero para que copiase esa arma que escupía fuego. Pocas semanas después ya tenía una copia exacta en su poder.
Dichosos japoneses que mimetizan todo lo de fuera y lo hacen suyo de una forma casi sobrecogedora.
Esto ha estado genial !!!!!
Miguel Angel, prontico, prontico... la sorpresa se consuma. A ver que pasa.
Krapp, gracias por venir. Lo hacen suyo y lo bordan. Es el "awase", que los practicantes de artes marciales (en especial en la mía, pero en el judo también), conocemos bien. Es el coordinar tu movimiento de evolución con el del rival o el superior, de manera a, o vencerlo, o parecerte tanto a él que te deje en paz. Ellos lo usan con la política o con la cultura, adquiriendo lengua y cultura china para mimetizarse y pasar inadvertidos. Interesante, el concepto, verdad?
Pe-jota, y eso que no aprecias la parte física de la chica. Así aún mejora... Gracias, compañero, por venir.
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